Cuando acompañamos a un ser querido en la etapa final de su enfermedad, el miedo más grande surge de lo desconocido. Empezamos a ver cambios en su cuerpo y en su comportamiento que nos asustan y nos hacen preguntarnos: ¿estará sufriendo?, ¿le falta el aire?, ¿estoy haciendo algo mal?
Quiero darte tranquilidad: la mayoría de las cosas que estás viendo, aunque impresionan, son completamente naturales. El cuerpo humano es sabio y sabe cómo apagarse. Prepararse para partir es un proceso biológico ordenado, muy similar a como el cuerpo se prepara para nacer, pero a la inversa.
Aquí te explico los cuatro cambios más comunes que suelen alarmar a las familias, para que sepas qué es normal y qué no.
Duerme casi todo el tiempo y se desconecta
Es probable que pases horas sentado a su lado y él o ella parezca estar en un sueño profundo, o que cuando despierta parezca confundido y hable con personas que no están ahí. No es que te esté ignorando ni que haya perdido el cariño por ti. Su metabolismo se está ralentizando y el cerebro está ahorrando energía. Es una desconexión natural del mundo exterior para centrarse en su viaje interior. No intentes despertarlo forzosamente; solo toma su mano y háblale suavemente. Aunque no responda, el oído es el último sentido que se pierde.
Deja de comer y beber
Esta es la parte que más angustia a las familias, porque asociamos la comida con el amor y la vida. Sentirás el impulso de insistirle que coma «aunque sea una cucharada» o de ponerle suero porque «se va a deshidratar». Sin embargo, en esta etapa, el cuerpo ya no puede procesar los nutrientes. Forzar la comida puede causarle náuseas, vómito o sensación de ahogo. Dejar de comer es la forma en que el cuerpo produce una anestesia natural (cetonas) que lo protege del dolor. No está muriendo de hambre, está muriendo por su enfermedad, y la falta de apetito es parte de ello.
Su respiración cambia de ritmo
Quizás notes que su respiración se vuelve irregular. A veces respira muy rápido y profundo, y luego hace pausas largas donde parece que deja de respirar por varios segundos (apnea), para luego volver a empezar. Médicamente se llama respiración de Cheyne-Stokes. Aunque para ti que lo observas parece angustiante, para el paciente no es doloroso ni siente que se ahoga. Es simplemente el centro respiratorio del cerebro funcionando a un ritmo diferente.
El sonido de «burbujas» al respirar
Este es el síntoma que más miedo provoca. A veces se escucha un sonido ronco o como de agua hirviendo en su garganta al respirar. No se está ahogando. Lo que sucede es que, al estar tan débil y relajado, ya no pasa saliva ni tose, por lo que se acumulan pequeñas secreciones en la garganta que vibran con el aire. Nosotros podemos ayudar con medicamentos para secar esas secreciones o cambiando su postura, pero es importante que sepas que ese ruido no le genera dolor.
Si ves estos signos, respira. No tienes que correr a urgencias. Significa que el proceso natural está avanzando.
Tu tarea ahora es el acompañamiento y el amor. Sin embargo, si notas que tu familiar frunce el ceño, se ve tenso, se queja o se agita violentamente, eso sí podría indicar dolor o sufrimiento. En ese caso, contáctame de inmediato para ajustar los medicamentos y garantizar que su descanso sea profundo y apacible.