Sedación vs Eutanasia

Esta es, sin duda, la pregunta que más preocupa a las familias cuando propongo iniciar un protocolo de sedación. Es completamente comprensible tener miedo de que, al aceptar este tratamiento, estemos adelantando la partida de nuestro ser querido.
Como especialista en Terapia Intensiva y Paliativa, quiero ser muy claro contigo: La sedación paliativa no es eutanasia.

Vamos a diferenciarlo de forma sencilla.

La Intención es diferente

En la eutanasia, el objetivo del fármaco es provocar la muerte inmediata para terminar con el sufrimiento. En la sedación paliativa, el objetivo es disminuir la consciencia (dormir) para que el paciente no sienta un síntoma que se ha vuelto insoportable, como dolor extremo, sensación de asfixia o agitación. La intención es el confort, no la muerte.

La Dosis es diferente

En la sedación, calculamos la dosis milimétricamente. Buscamos el nivel exacto donde el paciente se relaja y deja de hacer gestos de dolor, pero no administramos una dosis letal que pare su corazón. Es un traje a la medida farmacológico.
El Resultado Bajo sedación paliativa, la enfermedad sigue su curso natural. El paciente fallece cuando su enfermedad lo determina, no cuando el médico lo decide. La diferencia es que, en lugar de pasar esas últimas horas o días luchando por respirar o gritando de dolor, las pasa en un sueño profundo y tranquilo.
¿Cuándo se utiliza? Solo la utilizamos cuando hemos agotado todas las otras opciones como fármacos vía oral o parches y el síntoma persiste. A esto le llamamos síntoma refractario. Es nuestro último recurso de piedad médica.
Aceptar la sedación no es tirar la toalla ni matar a tu familiar. Es el acto médico más noble para garantizar que su despedida sea digna, en paz y sin sufrimiento físico. Es blindar sus últimos momentos.

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